viernes, 15 de agosto de 2008

Azores, 12-08-2008

El penúltimo día no se programó salida. Fue día de compras por Santa Cruz. Casi toda la tarde fue lluviosa. En la foto, el puerto pequeño.

La anécdota fue la avería del Fiat Punto, que ya había funcionado renqueante hasta el décimo día. Esa tarde no quería arrancar tras dejarle junto a la iglesia. No era la batería. El motor de arranque se movía, pero no se mantenía arrancado. Tras probar a empujarlo y dejarlo caer por la cuesta hacia el puerto grande (Dónde embarcamos en las zodiacs), tampoco prendía. Tuvimos que pedir que nos vinieran a rescatar. Elder, el marido de Telma se presentó con un mecánico. Probó a mover el punto de engrane de la correa de distribución y tras casi tres cuartos de hora consiguió una posición en la que el encendido se mantenía. Un rodamiento del tensor de la correa se rompió, por lo que la correa resbalaba y los pistones se desalinearon. Una avería difícil de resolver. Finalmente, el coche se quedó en el segundo taller que encontramos y volvimos a Lajes en la furgoneta Mercedes de Elmer.

El clima se enrareció a partir de este incidente.

A la noche fuimos a nuestra ‘playa privada’ de Lajes a hacer la segunda barbacoa con el resto de la carne de ternera que nos había comprado Telma. La carne en la isla sólo puede comprarse una vez por semana, del mismo modo que para comprar pescado en la lonja, hay que tener un carnet de personal autorizado. La cena fue acompañada de una ensalada de patata cocida y naranja más otra de tomate, ambas aliñadas con aceite de oliva y orégano.

De nuevo Jesús y Fran estuvieron a cargo de las brasas, bajo los aullidos estridentes de los cagarros que nos sobrevolaban voraces. Los chistes fueron más escasos que en el primer encuentro. Esta vez sobró carne y faltó ánimo, el viaje se acaba.

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