La víspera del día del Orgullo Gay, el día de los fuegos artificiales para los americanos.
La quedada que empezó como una tranquila tarde-noche en la Plaza de Santa Ana de Madrid.
Conocimos a Tere, la prima de Mayte.
Carmen, Tere, José Manuel y Pedro compartimos unas cervezas en la Vinoteca.
Mayte llegó más tarde, ya de anochecida, y pasamos a cenar al restaurant Hindú Guru en C/Echegaray 21.
Hablando de encuentros y desencuentros de parejas, de la niñez, de anécdotas... nos dió la una de la mañana.
Tocaba volver a Getafe en el buho, mas Mayte se ofreció a llevarnos en su coche.
Empezamos a andar hasta dónde estaba el vehículo, atravesando un Madrid muy concurrido: Atocha, Cavas bajas, C/Toledo.
Tere se despidió para volver en Taxi hasta Alto de Extremadura.
Llegando a la puerta de Toledo vimos un restaurante muy elegante con luces malva indirectas, dos gorilas con trajes impecables y cinco aparcacoches en la puerta. Parecía un sitio muy 'chic'.
A sólo doscientos metros, en la Calle de los Olmos, junto a la oficina de correos, estaba el Rover de Mayte.
El sencillo acto de pulsar el botón del mando a distancia ya le hizo presentir algo extraño...
No va... ¿Será un inhibidor de frecuencias próximo? No, no, al dejarlo allí le pudo cerrar.
La llave no giraba en el bombillo. ¡Parece que lo han intentado abrir!
Tras pelear un rato fue capaz de abrir las cuatro puertas.
Los cuatro ya sentados y el motor no arranca. Solo suena una ténue alarma interior.
¿Será que se ha dejado las luces puestas? ¿Tendrá batería?. Nos bajamos y empezamos a buscar el libro de instrucciones (Que no estaba) y a empezar a pensar que hacer...
Carmen se dormía de cansancio, después de su ajetreado día, Mayte iba in-crescendo en su inquietud, José Manuel y Pedro miraban si algo bajo el volante impedía arrancar.
Sin ver nada, decidimos dejar el coche allí hasta el día siguiente y volver en autobús...
Pero como la cerradura parecía forzada, el coche no se dejaba cerrrar. No podemos irnos y dejarlo ahí, habría que llamar a la grúa.
Llamando a la aseguradora, no había respuesta. El RACE tampoco.
A la desesperada, abrimos el capó, con idea de desconectar y reconectar la batería, tarea imposible sin herramientas.
Una caja de fusibles a la derecha de la batería...

Había un pequeño dibujo serigrafiado dentro de la caja y el F5 correspondía a lo que parecía una alarma. Vamos a sacarle... ¡Está fundido!
Pero tampoco Mayte recuerda en ese momento que tuviera repuestos en el coche.
Sin embargo, tenía que ser eso...
El aparcacoches que estaba en la acera de enfrente se ofrece a ayudarnos y dice, sí, yo tengo uno de esos...

Cruza, lo trae y lo inserta ¡La alarma del claxon empieza a sonar a todo volumen en la madrugada de la silenciosa calle! Lo saco para callarlo.
¡Hace falta la llave! nos dice.
Pues sí, Mayte ¿Y la llave? Mayte hablaba al móvil con su padre y en medio de los nervios la llave no aparece en el bolso........
Sí, reponemos el fusible, recomienza el pitido, Mayte con el aparcacoches meten la llave, giran y la alarma se calla.
¡Prueba a arrancar!
Y claro, sin pisar embrague, el coche casi se sube a la acera!
Pero ya lo tenemos, era el fusible!!
En efecto, había sido objeto de un intento de robo. Tras sonar un rato el claxon, el fusible se va e inmoviliza el coche.
Pudimos regresar felizmente a casa, conducidos por la muy agradecida Mayte.
Y esta a sido nuestra aventura del cuatro de julio
¡Hasta otra, expedicionarios!