Tercera salida:
Arriba a las 7:00 para poder estar en la carretera a las 8:00, en dirección a Santa Cruz.
Nos esperan en su puerto dos zodiacs que viajan hacia la isla de Corvo, unos 40 Km al norte. Nosotros nos embarcamos los once (Aún Tere sigue indispuesta) en una embarcación pilotada por una patrona rubia que subyugó a la parte masculina del grupo. Nos cobran 25 € por cabeza. Es un negocio familiar, viajaron nosotros un niño de 6 años a bordo.
Bordeamos la costa nororiental de Flores

hasta llegar a la gruta del gallo, así llamada por tener un espolón en su interior. La pericia de los patrones hace el viaje agradable.
Tomamos rumbo a Corvo, ya en mar abierto.

Avistamos delfines (Golfinhos) en dos ocasiones, persiguen bancos de sardinas para alimentarse y no rehúyen de las barcas. Vemos sus crías juguetonas hacer tirabuzones.

Pasan a nuestro lado repetidas veces. Las gaviotas-cagarros les siguen buscando los desperdicios de su comida.
Ya nos acercamos a la isla volcánica y a su única población, Vila Nova.
Desde los molinos de la villa, Flores parece una isla minúscula, pero quintuplica a Corvo en tamaño.

El interior de Corvo es un inmenso cráter con dos lagunas dentro.

Hay que pagar 5 € para que te suban al borde, luego debe andarse unos 20 minutos para tener las mejores vistas. Tenemos la suerte de alcanzar a ver los chapoteos de un gran cetáceo de gran tamaño junto a la parte norte de la isla. No es habitual verlos. Es una ballena de color amarillento con incrustaciones en su piel.
Volvemos a Vila Nova para embarcar, tras solo dos horas en la isla.
La tarde pasa con una comida en un restaurante próximo al puerto, casa Rosa, donde volvemos a degustar nuestra cerveja favorita en su versión más ESPECIAL®, Melo Abreu.
Esta vez los siete de más edad comemos lulas (Calamares) con tomate, patata cocida y arroz blanco. Las chicas se vuelven a ir a las compras y a las piscinas naturales.
Vuelta a Lajes y opción de siesta, para reponer fuerzas.
Arriba a las 7:00 para poder estar en la carretera a las 8:00, en dirección a Santa Cruz.
Bordeamos la costa nororiental de Flores
hasta llegar a la gruta del gallo, así llamada por tener un espolón en su interior. La pericia de los patrones hace el viaje agradable.
Tomamos rumbo a Corvo, ya en mar abierto.
Avistamos delfines (Golfinhos) en dos ocasiones, persiguen bancos de sardinas para alimentarse y no rehúyen de las barcas. Vemos sus crías juguetonas hacer tirabuzones.
Pasan a nuestro lado repetidas veces. Las gaviotas-cagarros les siguen buscando los desperdicios de su comida.
Ya nos acercamos a la isla volcánica y a su única población, Vila Nova.
Desde los molinos de la villa, Flores parece una isla minúscula, pero quintuplica a Corvo en tamaño.
El interior de Corvo es un inmenso cráter con dos lagunas dentro.
Hay que pagar 5 € para que te suban al borde, luego debe andarse unos 20 minutos para tener las mejores vistas. Tenemos la suerte de alcanzar a ver los chapoteos de un gran cetáceo de gran tamaño junto a la parte norte de la isla. No es habitual verlos. Es una ballena de color amarillento con incrustaciones en su piel.
Volvemos a Vila Nova para embarcar, tras solo dos horas en la isla.
La tarde pasa con una comida en un restaurante próximo al puerto, casa Rosa, donde volvemos a degustar nuestra cerveja favorita en su versión más ESPECIAL®, Melo Abreu.
Esta vez los siete de más edad comemos lulas (Calamares) con tomate, patata cocida y arroz blanco. Las chicas se vuelven a ir a las compras y a las piscinas naturales.
Vuelta a Lajes y opción de siesta, para reponer fuerzas.
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