El día está brumoso y no tenemos claro si podremos llegar a ver los farallones de Lopo Vaz al final de nuestro recorrido. Sólo somos 10, Mayte y Tere se quedan en Fajã Grande, dónde finalmente se aburrieron.
Llegamos a las 11:00 de Lajedo, al Suroeste de la isla. La iglesia tiene adosado a su espalda un pequeño cementerio.
Las Coumerias rodean el camino
y hay una carretera adoquinada al principio (Uma estrada) que sale, entrando desde la carretera de Fajã Grande a Lajes, desde la parte alta del pueblo hacia la izquierda. Esa carretera sube un puerto y luego llega hasta Costa, pero no la seguimos más que unos 100 metros. Nos desviamos a la derecha, buscando la bajada hacia el mar, próxima a un cañaveral.
Bordeamos una zona de cuasi selva, atravesando algún ‘tubo verde’ y desembocando a un pequeño acantilado.
Para no perder cota, tomamos el camino de la izquierda que sube pegado a la montaña y acabamos llegando a una pista de tierra arcillosa. Se sube unos 300 metros y hay que doblar a la izquierda en lo alto de la pista, al ver la valla de la foto.
Costa nos espera tras un descenso de medio kilómetro.
Tras la casa regresamos a la carretera asfaltada,
que a la izquierda sube a Lajedo y a la derecha baja hasta el sendero que indica ‘Aguas quentes’.
Vemos una majada llena de vacas al lado del mar.
Y a la derecha, bordeando un acantilado, un descenso peligroso que llega hasta el mar, señalizado con pintura blanca.
El descenso es solo apto para pocos. Llegan allí Jesús, Pedro, José Manuel y Luis.
No hay agua caliente, al menos que veamos, pero la pared del acantilado parece haber sufrido distintas coladas de lava chorreando en diferentes épocas. La vista desde allí es espectacular. Permanecemos sentados atónitos durante bastantes minutos.
Volvemos por dónde vinimos, dejamos la majada a un lado, recuperamos cota y subimos al cartel de ‘Aguas quentes 1600 m’. Allí, a la derecha, volvemos al camino hacia Lopo Vaz.
Atravesamos una bajada con juncos y un sotobosque de laurisilva que acaba convirtiéndose en un ‘tubo verde’ Higueras bordean esporádicamente el camino. Llegamos a un punto dónde es imposible seguir y nos encontramos en un punto subidos a una inmensa roca desprendida del muro de piedra de Rocha Alta en la bruma, rodeados de las copas de higueras, laurisilvas, hiedra y enebro.
Allí comemos los bocadillos y la fruta que portamos en las mochilas. La playa y el resto del camino hacia Ponta Lopo Vaz permanecen inaccesibles. Nos conformamos con ver a nuestra izquierda Ponta de Rocha Alta.
Tras recuperar fuerzas, volvemos 50 metros hacia el bosque de laurisilva y nos tumbamos bajo sus ramas, en un silencio absoluto que solo deja en nuestras mentes el sonido de las olas y el viento en las ramas. Una breve y reparadora siesta nos devuelve la energía para subir a Costa. Allí, e único bar en muchos kilómetros a la redonda, ‘Café e mercearia Serpa’ está pasando la iglesia. Esta vez no volvemos por la pista, sino por la carretera asfaltada hacia Lajedo, tardando unos 45 minutos.
Subiendo hasta el puerto de montaña, hay una cruz que separa la vertiente de Costa de la de Lajedo. De frente, llegamos a la segunda aldea. A la derecha de la cruz sale una carretera que vuelve directa hacia Lajes con un brutal desnivel del 14%.
Recojemos los coches en Lajedo y damos por terminada la excursión tras unas 4 horas de caminata.
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