Por fin los doce vamos de excursión en coche por las lagunas de la meseta de Flores. Salimos a las 9:30 por la carretera de Lajes hacia Santa Cruz y tomamos el desvío hacia Fajã Grande después de pasar Caveira y de subir el cerro. En el mirador tenemos unas vistas sobre el valle de castaños, y criptomerias (Coníferas) que se abre al mar en dirección Este.
En primer plano las Coumeiras, que no se abren con su típica flor amarilla a esas alturas.
El desvío en la primera pista de tierra arcillosa a la derecha nos lleva a la Lagoa Seca.
Y justo enfrente de ella está Lagoa Comprida.
Esta laguna está rodeada de poleo, enebro, monte bajo y una especie de musgo acolchado por todo el suelo.
Siguendo por la pista en dirección a Morro alto, vemos a la izquierda una inmensa caldera y la Lagoa Branca (A la que llegamos subiendo a pie desde el faro el día 5, pero por el margen contrario).
La bruma empieza a acosarnos, cerrándose sobre nuestras cabezas. Decidimos dar la vuelta, ya que la cuesta hacia morro alto requeriría tener un 4x4. Volvemos hacia la carretera y la atravesamos para pasar hacia las dos lagunas del lado opuesto. La pequeña, que queda a la derecha es la lagoa Rasa.
La niebla nos persigue y cada vez está más baja.
Enfrente está la impresionante Lagoa Funda, inaccesible andando y rodeada de hortensias y de un bosque de criptomerias.
Bajamos a comer al restaurante de puerto de Fajã Grande. En sus desiertas calles empedradas, un perro espera sin prisa que su dueña salga de una tienda.
Una ‘carrinha’ al fondo obstaculiza el estrecho paso hacia el puerto, dónde está el restaurante. Una gallina y sus polluelos, un poni que parece jugar al futbol y dos sanbernardos acalorados atraen la atención del grupo.
Salimos hacia unos alojamientos estilo casa rural dos kilómetros fura de Fajã Grande. Las casas rústicas en Aldeia da Cuada están hechas para bo-bos (Bourgeois-bohèmes). El vigilante nos abroncó y no nos dejó ver el conjunto.
Para acabar el día, vuelta a Lajes y barbacoa de ternera azoriana criada en Flores en la playa. Regamos el manjar con cerveza Sagres, bajada a discreción hasta el pequeño merendero frente al puerto. Jesús a cargo del fuego. Chistes y risas hasta medianoche a la luz de linternas. Una velada muy agradable.
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